Gilberto Shedden, apodado Chito, encontró un día a Pocho con un balazo en un ojo. Sin pensarlo se lo llevó a su casa y lo curó. Es su recuperación le daba de comer como a las gallinas en el patio y así nació su amistad. En la actualidad esa amistad asombra a propios y extraños en el centro turístico las Tilapias en Costa Rica, donde hacen un pequeño espectáculo para todo aquel que quiera ver que la amistad no tiene fronteras, ni entre razas. Por cierto, ¿os he mencionado que Pocho es un cocodrilo enorme?.